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LOS BUENOS ALCALDES REPETIRÁN

LA PRÓXIMA CAMPAÑA NO SE GANARÁ CON PROMESAS NUEVAS, SINO CON CREDIBILIDAD, COHERENCIA Y PROYECTOS VALIENTES; CON ACCIONES QUE CONFIRMEN QUE LO DICHO DURANTE LOS AÑOS ANTERIORES NO ERAN SOLO PALABRAS, SINO COMPROMISOS QUE EMPEZARON A CUMPLIRSE.

Hay una máxima que tengo clara: los buenos alcaldes repiten. Se suele decir que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierde quien gobierna. Y, en la mayoría de los casos, es verdad. Porque quien ha sabido interpretar bien las necesidades de sus vecinos, quien ha estado presente de forma constante y ha sido capaz de ilusionar con un proyecto, suele recibir de sus vecinos la confianza para continuar con lo que ha empezado.

Esta semana se cumplen dos años desde las últimas elecciones municipales. Estamos justo en el ecuador de la legislatura. Y dentro de otros dos años volveremos a las urnas. En cada municipio habrá varios candidatos, pero solo uno partirá con ventaja: el alcalde o alcaldesa que esté gobernando y aspire a repetir. La cuestión será descubrir quién ha sabido aprovechar esa ventaja y quién no.

Por eso, la mitad de la legislatura marca un hito importante. Y también tiene un punto inquietante para quienes no hayan empezado a hacer los deberes. Porque a partir de ahora queda menos tiempo por delante del que ya ha pasado. Esa sensación de urgencia, de que los años vuelan, debe llevarnos a reflexionar: ¿qué estamos haciendo? ¿tenemos claro cuál es el proyecto que estamos construyendo? y, lo más importante, ¿lo tienen claro nuestros vecinos?

Porque, cuando uno se presenta por primera vez, solo puede ofrecer promesas. Promesas apoyadas en su credibilidad personal, en una idea de futuro o en el deseo de mejorar lo que hay. Pero, quien está gobernando no puede vivir de prometer. Porque ya no tiene solo las palabras, sino un arma mucho más poderosa -si ha sabido gestionarla adecuadamente-: su credibilidad. La credibilidad no se mide por lo que dice que va a hacer, sino por lo que ha demostrado qué sabe hacer.

Desde mi experiencia, para ganar esa credibilidad un alcalde necesita tres ‘ces’: coherencia, constancia y creatividad.

La coherencia es simple, aunque exigente: que lo que dices coincida con lo que haces. Que las palabras estén alineadas con los hechos. Por eso, es importante afinar bien el discurso. Pensar qué estamos diciendo ahora y si, cuando llegue el final de legislatura, podremos seguir sosteniendo nuestro discurso con orgullo, o éste quedará vacío. La coherencia se percibe. Y se premia.

La constancia es la segunda cualidad. Un proyecto no se construye con una gran intervención puntual, sino con una estrategia sostenida en el tiempo. Hay que definir un rumbo claro y mantenerlo. Repetir los mensajes, reforzar la identidad y consolidar nuestra visión. Si empezaste hace dos años, enhorabuena; ya has andado gran parte del camino. Si empiezas ahora, adelante. Este es el momento de pisar el acelerador.

Y aquí es donde entra la creatividad. Nuestra capacidad de impactar, de sorprender, de diferenciarnos. De decir lo mismo de forma distinta, sin perder el fondo. De captar la atención sin renunciar a la coherencia. Pero solo si se tiene algo que decir, algo que mostrar, algo que sirva para conectar con la gente.

Personalmente, me gusta utilizar la proyección como método de análisis. Preguntarme hoy: “¿qué voy a contar a mis vecinos dentro de dos años?” me ayuda a enfocar el presente. ¿Cuáles serán mis logros? ¿qué podré mostrar con orgullo? El relato de final de legislatura no se improvisa.

Siempre he pensado que, más allá de los posicionamientos de los partidos, no hay mejor política municipal que tener y ejecutar un proyecto claro y compartido con los vecinos. Un proyecto que ilusione, que tenga dirección y sentido. Que no se limite a la gestión de los servicios municipales o a resolver lo urgente, sino que se atreva a mirar más allá.

Porque nuestros municipios necesitan algo más que gestión: necesitan visión y liderazgo. Un concepto de ciudad o de pueblo que transforme, que inspire, que marque un antes y un después. Una propuesta integral, que incluya urbanismo y espacio público, cultura, economía y cohesión social.

Y no estoy hablando de obras faraónicas, ni de promesas grandilocuentes. Me refiero a una estrategia sólida y realista, con capacidad de generar orgullo y sentido de pertenencia. Una estrategia que proteja la identidad del territorio, que la adapte al presente y que sea capaz de impulsarla hacia el futuro como un nuevo legado para nuestro pueblo o ciudad. Un proyecto que, aunque tarde años en completarse, incluso trascendiendo a los equipos que los inician, se empiece a notar y a vivir desde el primer día.

La próxima campaña no se ganará con promesas nuevas, sino con credibilidad, con resultados visibles. Con visión, coherencia y proyectos valientes. Así que no perdamos tiempo. Porque en 2027 solo habrá dos tipos de alcaldes: los que supieron ilusionar y construir ciudad… y los que se limitaron a gestionar el tiempo.

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